Comparte esta publicación

Trump sufre una derrota en sus “aranceles recíprocos”

Por Osvaldo Rosales


En un fallo contundente (6 contra 3), la Corte Suprema de EE.UU. anuló los “aranceles
recíprocos” aplicados por la administración Trump al amparo de la IIEPA (Ley de Poderes
Económicos de Emergencia Internacional) desde el 2 de abril de 2025.
El 28 de mayo 2025, el Tribunal de Comercio Internacional de EE.UU. ya había declarado
que esos aranceles eran ilegales. El gobierno apeló y se sucedieron varios procesos en
diversos tribunales hasta que este 20 de febrero 2026 la Corte Suprema le dio el golpe
final a este uso de la IIEPA. El fallo contó con 3 votos de jueces conservadores,
nominados por Trump.
En una muestra más de su desprecio por el Estado de Derecho, Trump trató el fallo como
“vergonzoso” y a los jueces que lo votaron a favor como “tontos, perros falderos e
influidos por intereses extranjeros”. Agregando más leña a la hoguera, anunció que
“nuevos aranceles serán más fuertes” y que al respecto no tiene pensado consultar
al Congreso.
La inmediata reacción de Trump, junto con denostar a los jueces de la Suprema, fue
anunciar el viernes 20 de enero una orden ejecutiva que impondrá un arancel de 10%
global bajo la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, reemplazando parcialmente los
aranceles del 10% al 50% bajo la IIEPA de 1977 que el tribunal superior declaró ilegal,
poniendo fin a la recaudación vía esos aranceles.
Al día siguiente, Trump elevó ese arancel global al 15%. Se mantuvieron exenciones
para productos aeroespaciales; automóviles de pasajeros y algunos camiones ligeros;
bienes de México y Canadá que cumplen con el acuerdo comercial entre Estados Unidos,

México y Canadá; productos farmacéuticos y ciertos minerales y productos agrícolas
críticos.
La Sección 122 otorga al presidente una facultad extraordinaria y temporal para imponer
aranceles o cuotas de importación cuando existan “grandes y serios déficits en la balanza
de pagos” del país y puede hacerlo sin necesidad de investigaciones previas. Permite
imponer aranceles de hasta 15% y por un período máximo de 150 días. Su prórroga más
allá de ese plazo requiere la aprobación del Congreso.
Los argumentos de la Suprema
La Corte Suprema avaló argumentos previos de las cortes inferiores, argumentando que
el Ejecutivo se excedió en sus atribuciones. La IIEPA permite regular importaciones para
responder a emergencias nacionales que representen una amenaza externa inusual y
extraordinaria, amenaza que puede ser de seguridad nacional, de política exterior o
económica. Permite congelar activos, bloquear o impedir transacciones, restringir
comercio e inversiones, prohibir transferencia de divisas e imponer sanciones económicas
a países o entidades. Nada dice sobre aranceles.
La Suprema argumenta que los aranceles son impuestos y que crearlos o modificarlos es
una atribución exclusiva del Congreso y, por ende, la administración se atribuyó
potestades que no le correspondían.
Sentencias previas cuestionaron el “carácter inusual y extraordinario” de la crisis de
balanza de pagos, toda vez que se trata de una circunstancia que acompaña a la
economía estadounidense desde hace varias décadas. Algo que ha permanecido por
décadas, mal puede considerarse “inusual o extraordinario”.
Consecuencias jurídicas
El gobierno no podrá seguir aplicando los “aranceles recíprocos”. Los aranceles
sectoriales (al acero, automóviles, al cobre, aluminio y otros) siguen en pie pues
responden al uso de otro instrumento legal. Por cierto, Trump buscará otras vías para
persistir en su arremetida de presiones y chantajes comerciales.
Para el proteccionismo de Trump siguen abiertas otras vías legales: la mencionada
Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962; las Secciones 122, 201 y 301 de
la Ley de Comercio de 1974 y la Sección 238 de la Ley Arancelaria de 1930.
Lo que el fallo deja pendiente son dos temas: i) si la administración deberá devolver
los aranceles pagados en virtud de la IIEPA y qué forma podría adoptar esa devolución
y ii) en qué queda la serie de acuerdos comerciales bilaterales firmados por Trump,
los que justamente se apoyaron en la presión que ejercía EE.UU. a sus socios con estos
aranceles hoy cuestionados.
El caso volverá a la Corte de Apelaciones del Consejo Federal de EE.UU.(CAFC) y luego
al Tribunal de Comercio Internacional (CIT) para que estas instancias definan la solución
precisa, incluyendo si se deben procesar o no los reembolsos por los pagos realizados en
virtud de estos aranceles y cómo habría que proceder en ese caso.

En caso afirmativo, la corte especializada deberá definir si ese reembolso será automático
o contra litigios específicos, los que también podrían ser individuales o colectivos. Este
proceso podría tomar varios meses y hasta un par de años.
Los estudios de abogados ya alertan a importadores para que presenten sus alegaciones,
de modo de asegurar eventuales reembolsos. Los importadores han presentado más
de 1.000 demandas ante el tribunal de comercio solicitando reembolsos y es
probable que se produzca una avalancha de casos nuevos.
En diciembre, el tribunal dictaminó que tenía la facultad de reabrir las determinaciones
arancelarias finales y ordenar al gobierno el pago de los reembolsos con intereses, una
facultad que la administración Trump declaró ante el tribunal que no impugnaría.
Cada importador podría tener que demandar ante el Tribunal de Comercio Internacional
para obtener un reembolso. Los importadores tienen dos años para demandar y reclamar
un reembolso, según la legislación comercial estadounidense. Los reembolsos de US$175
mil millones superarían el gasto fiscal combinado de 2025 del Departamento de
Transporte y el Departamento de Justicia.
El proceso podría perjudicar desproporcionadamente a las pequeñas empresas, muchas
de las cuales ya sufrieron más por los aranceles que empresas bien financiadas, de
mayor tamaño o con buenos contactos con Trump, producto de lo cual obtuvieron
exenciones arancelarias.
Si no se permiten demandas colectivas, es probable que el grueso de las pequeñas
empresas renuncie a un posible reembolso, evitando pagar miles de dólares en
honorarios legales y judiciales para presentar una demanda que, además, podría demorar
un par de años.
Los acuerdos comerciales bilaterales de Estados Unidos quedan en compás de
espera
En el caso de las dos docenas de países que firmaron acuerdos bilaterales con Estados
Unidos para fijar aranceles y en algunos casos invertir en ese país reina la confusión y
seguramente deben estar evaluando el costo-beneficio de ese acuerdo.
Sometidos a la presión de los “aranceles recíprocos”, debieron realizar importantes
concesiones arancelarias y de regulaciones para obtener un mejor trato de parte de
EE.UU. y ahora quedan igualados en trato con aquellos países que no establecieron
tales acuerdos.
Gracias a esa negociación bilateral, el grueso de los productos del Reino Unido ingresaba
a EE.UU. con arancel del 10%, en tanto los de la UE enfrentaban un 15% y los de India,
un 18%. El sábado 21 de enero de 2026, ese arancel global saltó al 15%, haciendo aún
más asimétricos los acuerdos que varios países firmaron con EE.UU.
En India ya han surgido voces desde el Congreso que piden suspender el acuerdo con
EE.UU. y renegociarlo. El marco de este acuerdo está ratificado por ambas partes, pero el
texto legal aún está en negociación y se espera que entre en vigor en marzo o abril de
este año.

En el Reino Unido, las organizaciones empresariales alegan caos e incertidumbre. Las
empresas británicas que están recibiendo pedidos de E.UU. declaran que ante la
incertidumbre reinante no saben qué precio cargar a sus productos. El R. Unido envía el
16% de sus exportaciones a EE.UU. y crece en el empresariado británico la idea de ir
reduciendo esa cuota, de modo de otorgar mayor predictibilidad a sus ventas externas.
En el Parlamento Europeo se acaba de postergar la aprobación del acuerdo con EE.UU.,
firmado en julio 2025 hasta no contar con mayores seguridades de cumplimiento de lo
acordado, por parte de EE.UU. La UE aceptó un arancel de 15% para sus productos,
además de un 50% para acero y aluminio, obteniendo EE.UU. arancel cero para sus
productos industriales e inéditas aperturas para sus exportaciones agrícolas.
Este desbalanceado acuerdo fue presentado por la Comisión Europea como “un buen
acuerdo” que lograba evitar la amenaza del arancel general de 30% y de 27,5% para los
automóviles. Con la medida de la Suprema, el desbalance se hace insostenible pues
los productos de la UE enfrentarían un arancel de 15%, al igual que el resto del
mundo. Las generosas concesiones comprometidas por la UE habrían sido
entonces graciosas concesiones, gratuitas, sin contraparte.
Global Trade Alert señala que la decisión de la Suprema redujo el arancel efectivo
promedio de EE.UU. del 15,4% al 8,3% (12% ahora que el arancel subió a 15%). La gran
paradoja del desorden comercial de Trump es que ahora los países más beneficiados con
las rebajas de aranceles son Brasil (19 puntos porcentuales menos, desde 30% a 10,9%),
China (7 pp menos) e India (6 pp menos). Los más afectados son los principales
socios de otrora de EE.UU.: R.Unido (2,4 pp más), la UE (1 pp más) y Japón (0,7 pp
más).
Imposible mayor desastre diplomático con sus principales aliados de otrora. Por
cierto, esta situación será transitoria, ya que pronto Trump encontrará cómo seguir
ahogando las exportaciones de quienes concibe como principales adversarios.
Las preguntas que surgen son cruciales: ¿Qué pasará con los nuevos aranceles del 15%,
después de los 150 días? Si el Congreso vetase su renovación, ¿volverían esos
aranceles a cero? Si no fuese así, ¿Serán mayores o menores al 15%? ¿A través de qué
mecanismos? ¿Qué pasa con los acuerdos comerciales firmados?
¿Medio siglo de emergencia económica?
Los déficits comerciales no constituyen la emergencia que alega Trump para justificar el
uso de la IEEPA. De hecho, el déficit en manufacturas, que es lo que más preocupa a
Trump, acumula ya 50 años. Durante 2025, pese a la andanada arancelaria, el déficit
comercial en bienes alcanzó un nuevo récord de US$ 1,2 billones de dólares, subiendo
2% respecto del récord anterior de 2024.
La verdadera emergencia es la bajísima tasa de ahorro en Estados Unidos. La tasa
neta de ahorro interno -la suma del ahorro de los hogares, el sector público y la
depreciación de las empresas— se redujo a 0,2 % del ingreso nacional en 2025. Este casi
inexistente ahorro interno obviamente no basta para financiar la inversión.
Por ende, EE.UU. está obligado a importar excedentes de ahorro externo y acumular
enormes déficits en la balanza comercial y en la cuenta corriente de balanza de pagos

para atraer capital extranjero. Esa es la verdadera causa macroeconómica del déficit
comercial norteamericano. Considerando la política fiscal de Trump, que reduce
impuestos a los grandes ingresos, sólo se pueden esperar mayores déficits
presupuestarios en los próximos diez años.
Ha quedado nuevamente demostrado, lo que es obvio en economía del comercio
internacional: los aranceles no los pagan los países extranjeros sino básicamente los
importadores, quienes transfieren la totalidad o parte del mayor costo a los consumidores,
dependiendo de la elasticidad en la demanda del producto respectivo.
El Banco de la Reserva Federal de Nueva York indicó que el 90% del costo de los
aranceles ha sido asumido por importadores y consumidores estadounidenses. En rangos
similares, esta conclusión ha sido respaldada por la Oficina de Presupuesto del Congreso.
A su vez, NBER (National Bureau of Economic Research) confirma que la mayor parte del
costo recae en EE. UU., aunque con matices, dado que el elevado traspaso a precios –
entre 80 y 100% del mayor costo del arancel- varía por sector. Algunos exportadores
extranjeros ajustan marginalmente sus precios, pero el grueso del costo se asimila
internamente.
Estos resultados no agradaron a K. Hasset, director del National Economic Council,
(entidad asesora del Presidente que funciona en la Casa Blanca). Hasset atacó a la
Reserva Federal por este estudio; lo calificó de “vergonzoso” y pidió que las personas que
realizaron ese estudio “deberían ser disciplinadas” (¿?) Por cierto, en la jerga trumpiana,
este “disciplinamiento” constituye una peligrosa amenaza más a la autonomía de la
autoridad monetaria y a la seguridad de los profesionales que realizaron el estudio.
Impactos probables sobre el comercio mundial
La principal conclusión es que se agrega una turbulencia adicional sobre la dinámica del
comercio mundial y la economía global, una vez que ésta se había conseguido acomodar
a la embestida arancelaria de Trump durante 2025.
Viene un período de incertidumbre respecto de cuál será el camino que adoptará Trump y
cuáles serán los aranceles resultantes a fines de 2026. Donde no quedan dudas es en
que Trump buscará otros medios para reemplazar la serie de aranceles globales
hoy cuestionados por la Suprema.
Primará la incertidumbre comercial. Trump no abandonará su política proteccionista.
Usará todo el poder de la Casa Blanca para imponer elevados aranceles, cualquiera sea
el nuevo accionar de la Suprema. Se aprovecha además de la demora con que reacciona
el aparato judicial.
De hecho, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, definió el uso de la Sección 122 como
un puente de 5 meses, período durante el cual se realizarán los estudios sobre tarifas de
las Secciones 232 y 301. Esto es una nueva provocación pues ambas secciones
requieren investigaciones técnicas, consultas y protocolos precisos, pero Bessent ya está
anticipando el resultado de estas “investigaciones”: se vienen nuevos castigos
arancelarios.

Nos despedimos de un orden mundial basado en normas; se rompe la confianza
transatlántica. Se va conformando un nuevo orden económico internacional, con la
principal potencia económica haciendo gala de proteccionismo y de marcada
incertidumbre en su política comercial, pasando a llevar el derecho internacional.
Bien lo dijo el PM de Canadá, Mark Carney, en Davos: “era un orden imperfecto y aplicado
de modo desigual, pero aportó beneficios genuinos a toda la humanidad, particularmente
a los países en desarrollo”.
Por cierto, en un mundo sin reglas, se impone la ley del más fuerte y sin
cortapisas. Ahora que el EE.UU. de Trump exige propiedad sobre territorios
(Groenlandia, Canal de Panamá), se apropia de recursos de otros países (Venezuela),
bombardea posiciones (Irán, Pacífico), exige US$500 mil millones en minerales críticos
como pago por la ayuda militar (Ucrania), impone un cerco energético inhumano (Cuba),
no respeta sus acuerdos de libre comercio, se retira de un amplio conjunto de
instituciones multilaterales e intenta reemplazar a la ONU con 26 “países amigos” (Junta
por la Paz), en un club donde más de la mitad de esos países amigos tienen acceso
restringido a EE.UU. con la política de visados y donde, de acuerdo al Democracy Index
2024, The Economist Intelligence Unit, la mitad de ellos son regímenes autoritarios y
buena parte del resto, democracias altamente imperfectas o regímenes derechamente no
democráticos. En ese club, Trump dicta las normas, elige quien puede ingresar y exige un
pago inicial de US$ 1.000 millones para la foto-oportunidad con el gran jefe.
Recogiendo la sugerencia del PM de Canadá, Mark Carney, el primer paso es llamar a las
cosas por su nombre, atreviéndonos a “quitar el cartel”. La tendencia a apaciguar, a evitar
problemas, a esperar que esto cambie… todo esto no funciona cuando existe una
voluntad de subyugación.
El desafío para países de desarrollo intermedio es buscar espacios de cooperación que
refuercen la autonomía estratégica, con mecanismos de geometría variable que
permitan favorecer reglas compartidas de comercio e inversión.
Hoy existen diálogos avanzados entre la UE y el CPTPP; a ellos debiera sumarse el
RCEP. Canadá se acerca a la UE. Los acuerdos de la UE con Mercosur y con India
apuntan en la misma dirección. El desafío es que el comercio mundial que no incluye
a EE.UU. sí se rija por reglas.
El plazo de 150 días con que cuenta el nuevo arancel de 15% vence en julio, a poco más
de 3 meses de la elección de medio término en EE.UU. La drástica caída de Trump en las
encuestas, las sucesivas derrotas republicanas en una serie de elecciones locales, el mal
desempeño del empleo manufacturero, amén del escándalo Epstein, todas estas serán
las variables claves que incidirán en el comportamiento de los republicanos y, por ende,
en el margen político con que contará Trump para continuar o no con su agenda de
“potencia económica depredadora”, como se menciona en el último número de Foreign
Affairs.
Fuente:

https://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/columnas-bbcl/2026/02/24/trump-sufre-
una-derrota-en-sus-aranceles-reciprocos.shtml

Te puede interesar: