Por Boris Yopo
Los recientes triunfos de Keiko Fujimori en Perú, y Abelardo De la Espriella en Colombia, sumados a los gobiernos de Milei, Kast, y Noboa, han llevado a algunos a afirmar que sigue con fuerza la ola de gobiernos de ultraderecha en América Latina. Y es cierto que por ahora, estas fuerzas han ganado todas las elecciones del último tiempo, pero nada asegura que ello sigue ocurriendo a mediano plazo. Por una parte, Fujimori ganó por apenas 0.3%, y De la Espriella por 0.9%, ambos por el fuerte voto exterior que tiende en esos países a votar por candidatos de derecha. Pero siendo esos los márgenes, estuvieron muy cerca de perder, y entonces muchos de los análisis (que se escriben a la rápida) estarían diciendo otra cosa. Se trata entonces de sociedades muy divididas y polarizadas, donde los candidatos están ganando por estrechos márgenes.
Por otra parte, desde el retorno a la democracia, América Latina se ha caracterizado por períodos cíclicos, donde predominan en ocasiones fuerzas conservadoras, y otros donde gobiernan sectores progresistas. De Piñera, Macri, y Uribe, a Bachelet y Boric, Alberto Fernández, Lula y Petro, y ahora gobiernos de ultraderecha que predominan en la región. Pero es legítimo preguntarse el porqué de estos ciclos. Por cierto, mucho tiene que ver con el desgaste natural de gobernar, y con el hecho de que la mayoría de las sociedades tienden a culpar a los gobiernos de turno, por los problemas más acuciantes que viven, más allá a veces de la responsabilidad o capacidades efectivas que tengan estos gobiernos para abordar esos problemas.
Y en esto, las ultraderechas, más allá de las condiciones particulares en cada país, han hecho campañas muy eficaces, y con grandes recursos económicos, para convencer a segmentos del electorado, que tienen las capacidades para abordar de manera eficaz los problemas que más importan hoy a muchos. Y los temas se repiten: delincuencia, criminalidad, narcotráfico, inmigración irregular, y crecimiento económico. Todas las ultraderechas han hecho su campaña en torno a estos temas, y han hecho un copamiento de redes sociales como no se había visto antes, que ha resultado en una estrategia muy efectiva para convencer a muchos electores indecisos, o con poca información sobre lo que está en juego en cada elección.
Pero además, estas fuerzas de ultraderecha han tenido un poderoso aliado, que les ha dado el impulso necesario (por ahora) para ganar elecciones: el Factor Trump. Usar la imagen y el apoyo del Presidente estadounidense les ha dado un rédito no menor a estas fuerzas, porque un sector de votantes ve como positivo o ventajoso la cercanía y afinidad con un mandatario estadounidense, que además está interviniendo sin escrúpulo alguno, en diversos procesos electorales de la región. Lo hizo ahora en Colombia, y en las pasadas elecciones legislativas de Argentina, donde el partido de Milei estaba claramente abajo en todas las encuestas, hasta que semanas antes, Trump dijo que entregaría miles de millones de dólares adicionales a Argentina, si las fuerzas de Milei ganaban. Y ganaron.
Ahora, este ciclo tiene condicionantes, que pueden revertir lo que hemos visto hasta ahora. Por una parte, mostrar resultados sobre lo prometido. Tanto Milei como Kast, y Noboa, han bajado notoriamente en las encuestas, en el caso del Presidente chileno, ganó con 58%, asumió con cerca de 52% de apoyo, y ahora todas las encuestas, le dan entre un 30% y 35%. Y es que promesas efectistas frentes a problemas complejos, no tienen mucho destino ante opiniones públicas cada vez más impacientes, e indignadas cuando se sienten defraudados, o engañados.
Pero además, quedan aún dos elecciones que pueden ser un punto de quiebre para esta ola que ha predominado en los últimos años: las elecciones legislativas en Estados Unidos a comienzos de noviembre, y la elección Presidencial en Brasil, la última semana de octubre. Existe una alta probabilidad de que la oposición demócrata gane las elecciones del Congreso, lo que dejaría a Trump debilitado en sus dos últimos años de gestión (“pato cojo” le llaman allá) mientras que en Brasil, Lula encabeza todas las encuestas hasta ahora. Si se produce este cambio de tendencia en Estados Unidos, y Lula se reelige, esto sin duda repercutirá en lo que hemos visto en la región hasta ahora, considerando el peso político y económico que ambas potencias tienen, y la influencia que ejercen en la región.
Nada se puede asegurar aún, y hay que esperar, pero es posible que veamos otra vez vientos de cambio en América Latina en los próximos años, lo que reafirmaría el curso cíclico que hemos tenido en la región, desde el fin de la Guerra Fría y época de las dictaduras militares. Hoy los electores “fieles” no deciden las elecciones, las deciden los que no votan o los indecisos, y todo puede cambiar otra vez. Lo sabremos en el próximo tiempo.
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