Por Alicia Frohmann
Han pasado 10 años desde que, en 2016, el 52% de los votantes del Reino Unido aprobó la salida de la Unión Europea (UE). Las promesas del Brexit polarizaron a la ciudadanía.
Fue la primera de una ola de iniciativas populistas que han recorrido el mundo e incluyen la elección de Trump en Estados Unidos y el auge y llegada al poder de sectores de ultraderecha en varios países de Europa y América Latina.
Una década después del Brexit, la percepción ciudadana en el Reino Unido ha cambiado: en una encuesta a 10.000 personas, el 55% indicó que votaría por el reingreso a la UE y solo 33% por mantenerse fuera. Brexit le ha salido caro al Reino Unido y aún está pagando la factura.
Los proponentes del Brexit vendieron voladeros de luces: la mejora del desempeño económico que acompañaría la salida de la UE elevaría el crecimiento a alrededor de 3% al 2020. Nuevos tratados comerciales aumentarían el producto un 4% a lo largo del tiempo. Desregulación, un Estado más pequeño y un freno a la inmigración atraerían inversiones y el país florecería.
En cambio, ha habido un impacto negativo sobre la actividad económica, la productividad y el crecimiento potencial del país. Se calcula que la economía habría crecido entre 6 y 8% más si el Reino Unido hubiera permanecido en la UE. La ciudadanía lo ha resentido.
¿Qué pasó con las promesas que se hicieron?
El comercio entre el Reino Unido y la Unión Europea continúa siendo el más relevante para la economía británica, pero hay mayores controles aduaneros, nuevos requisitos regulatorios, divergencias normativas y costos administrativos, que afectan sobre todo a las pymes y a cadenas de suministro integradas con el continente. Las barreras logísticas y reglamentos sanitarios y fitosanitarios repercuten en el alza de los precios de los alimentos.
Ha sido más débil la inversión si se la compara con otras economías avanzadas. Los nuevos acuerdos comerciales no han permitido compensar la falta de fluidez del comercio con Europa.
En el control de la inmigración, una de las banderas del Brexit, las políticas fueron un rotundo fracaso. Después del Brexit, durante los años de Boris Johnson, la inmigración neta al Reino Unido pasó de 184.000 en 2019 a 848.000 en 2023, la mayor cifra registrada históricamente.
Los abruptos virajes políticos y económicos que prometen grandes cambios y polarizan a la ciudadanía suelen no funcionar. No dan confianza y estabilidad a los inversionistas ni tampoco a los ciudadanos. Desde ya hace algún tiempo, el Reino Unido viene haciendo esfuerzos por un reacercamiento a la UE pero, por lado y lado, quedaron heridas que demorarán en cicatrizar.
Fuente: El Mercurio

