Por Carlos Monge
¿Cuál fue el resultado de la reunión-almuerzo que Donald Trump y Lula mantuvieron en la Casa Blanca el jueves 7 de mayo pasado, y que se prolongó por espacio de tres horas? Si nos atenemos a las declaraciones formuladas por los protagonistas de la misma una vez que bajó el telón del encuentro, el saldo fue fructífero y permite alimentar la esperanza de que la relación bilateral EE.UU-Brasil podría registrar una paulatina pero firme recuperación, luego de haber pasado por algunas instancias y momentos críticos.
Al final, Trump, consultado por la prensa, destacó que la conversación fue “muy buena” y que nuevas reuniones ocurrirán en los próximos meses. Dijo que Lula es un “buen hombre”, un “tipo inteligente y dinámico”, que su país quiere más comercio con Brasil y que los brasileños pidieron “alivio en las tarifas (arancelarias)”
Lula, a su turno, se mostró más efusivo: “Hemos dado un paso importante en la consolidación de la histórica relación democrática que Brasil mantiene con Estados Unidos. Es una demostración de que las dos mayores democracias del continente pueden servir de ejemplo al mundo”.
Para los observadores más atentos, hubo un dato que no pasó desapercibido: no se produjo la tradicional entrevista conjunta en el Salón Oval de la Casa Blanca, que es la práctica usual en estos casos. Lo que demuestra que, pese a que fue una cumbre que se tramitó de prisa, y teniendo como intermediario y facilitador clave al empresario brasileño Joesley Batista, Itamaraty se preocupó, con su habitual profesionalismo, que no hubiera instancias que posibilitaran una de las habituales “salidas de libreto” de Trump. A quien −como Zelensky lo sabe muy bien− no le preocupa en absoluto hacer pasar malos ratos a sus invitados.
Recordemos que el último cara a cara formal entre Trump y Lula tuvo lugar en octubre de 2025, en el marco de una cumbre en Malasia. Y en los meses previos a la reciente visita, mantuvieron sólo conversaciones telefónicas, siendo la más reciente apenas una semana antes del viaje del Presidente brasileño a Washington.
Agenda densa y compleja
Antes de ello, la agenda bilateral estuvo marcada por tensiones comerciales ascendentes y la imposición de fuertes aranceles por parte de la administración estadounidense, en el análisis más global. Pero también por otros aspectos polémicos como la existencia del PIX (un sistema de pagos instantáneos creado por el Banco Central de Brasil que permite transferir dinero y realizar pagos en cuestión de segundos, las 24 horas del día, todos los días del año, y que ha complicado bastante la vida a las tarjetas de crédito estadounidenses); las amenazas de EE.UU. hacia grupos del crimen organizado brasileño, en particular, los vinculados al narcotráfico; la explotación de tierras raras y otros minerales críticos; y las diferentes visiones respecto a temas centrales de la contingencia geopolítica actual, ya sea en Ucrania, Oriente Medio, Irán o Venezuela.
La proximidad de decisivas elecciones en ambos países es otro factor que complejiza y tensiona, a no dudarlo, el entramado del vínculo entre Washington y Brasilia.
En Brasil, la primera vuelta de elecciones presidenciales, parlamentarias y de gobernadores tendrá lugar el 4 de octubre próximo, con segunda vuelta marcada para el 25 de ese mes, en caso de que ningún aspirante al Planalto logre mayoría en la ronda inicial. En EE.UU., de su lado, el martes 3 de noviembre se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado, en las elecciones de medio término o “midterms”. Estos comicios funcionarán como un verdadero «referéndum» sobre el primer año del segundo mandato de Trump y determinarán si mantiene o no el control del Legislativo para ejecutar su agenda programática.
El peak de las tensiones
El punto alto de las tensiones entre Trump y Lula tuvo lugar el 13 de marzo de este año cuando el gobierno brasileño revocó la visa de Darren Beattie, funcionario del Departamento de Estado y asesor cercano a Donald Trump. Beattie solicitó autorización para visitar en prisión al expresidente Jair Bolsonaro (quien cumple una condena de 27 años por intento de golpe de Estado). La Corte Suprema de Brasil, liderada en este caso por el juez Alexandre de Moraes, denegó la solicitud argumentando que la visita de un funcionario extranjero a un opositor preso en año electoral constituía una “interferencia indebida en los asuntos internos”.
La medida fue vista como una represalia por la cancelación de visas estadounidenses a funcionarios brasileños en 2025 (específicamente la del ministro de Salud y dirigente del Partido de los Trabajadores [PT], Alexandre Padilha, y su familia, bajo el argumento de vínculos con programas médicos cubanos). Lula declaró que Beattie no entraría al país hasta que se restablecieran las visas de sus funcionarios.
Y a mediados de abril, no está de más tampoco recordarlo, se detuvo y posteriormente se liberó en Orlando (Florida) al exdiputado y exjefe de la inteligencia brasileña (ABIN), Alexandre Ramagem. Un hombre del núcleo duro del bolsonarismo que se encontraba prófugo de la justicia brasileña desde septiembre de 2025, tras ser condenado por la Corte Suprema a 16 años de prisión por su participación en la intentona golpista de enero de 2023, y que terminó pidiendo asilo en EE.UU., alegando ser víctima de una presunta persecución política.
Minerales críticos: el punto nodal de la distensión
¿Cómo es que se pasó de una atmósfera de “guerra fría” larvada entre las partes a una de entendimiento y de sonrisas, aunque no sea más que un ejercicio ensayado para las fotos que inmortalizaron la cita Lula-Trump? La respuesta es sencilla y la da, sin mayores disfraces ni adornos, el analista Lourival Sant’Anna, en una reciente columna publicada en O Estado de S. Paulo:
• “El casi monopolio de China sobre los minerales críticos debilita a los EE. UU. La guerra contra Irán agravó la situación. El Pentágono informó en sesiones secretas con integrantes de las Comisiones de Defensa de la Cámara y del Senado que consumió la mitad de sus misiles más sofisticados – Tomahawk, Atacms, Thaad y Patriot (el énfasis de la negrita es nuestro)”.
• “La principal hipótesis de empleo de estas armas es contra China, ante una eventual anexación de Taiwán y de las disputas en la región Asia-Pacífico. Ahora, para reponer las existencias, los EE. UU. necesitan minerales críticos. Es ahí donde entra la reunión con Lula”.
• “Brasil tiene la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo (otra vez el énfasis es nuestro), con cerca del 17%, aunque ese mapeo esté incompleto y la cuota pueda ser mayor. China encabeza el ranking, con cerca del 40%. Trump quiso demostrar que Brasil no está bajo la órbita china”.
Sant’Anna aporta otro insumo analítico que no debe ser pasado por alto: “La empresa estadounidense USA Rare Earth ha comprado por 2.800 millones de dólares una mina en Minaçu, Goiás, la única fuera de China que cuenta con materias primas para la producción de imanes permanentes. En vísperas de la cumbre, la Cámara de Diputados (de Brasil) aprobó el marco regulatorio para los minerales críticos, con el fin de dar seguridad jurídica a las inversiones. Lula le dijo a Trump que el Senado también lo aprobaría esa misma noche, lo que no ocurrió, pero revela su entusiasmo por este factor de atracción de Brasil frente a EE. UU.”.
Magistral movida de Lula
Y acá tenemos de nuevo a Lula, un jugador global, experimentado y audaz, quien, con el apoyo de su asesor internacional, Celso Amorim, y una burocracia altamente calificada (Itamaraty), es capaz de enfrentar exigentes “pruebas de esfuerzo” y sobreponerse a coyunturas difíciles con una gran resiliencia y adaptabilidad.
No hace mucho, sectores de la prensa brasileña daban a su gobierno −y con éste, a sus posibilidades de reelección− literalmente por muerto, luego de que el Congreso rechazara su indicación de Jorge Messias para ocupar un puesto en el Supremo Tribunal Federal (42 contra 34 votos y una abstención, el 29 de abril pasado). Trayéndose a colación que sólo en una ocasión el Senado había denegado una designación de este tipo en toda la historia del Brasil republicano. Hecho ocurrido en 1894, durante la presidencia de Floriano Peixoto, también conocido como el “Mariscal de Hierro”, en los años de la “República Velha”.
Pues bien, lo cierto es que, tal como apuntó Maria Cristina Fernandes, en Valor Econômico, en menos de 24 horas el Presidente Lula “resurgió de sus cenizas”, y la prensa brasileña, en general, incluida la más conservadora, debió reconocer que la vieja magia de la “química” lulista seguía intacta, en materia de manejo de cumbres de alto nivel.
Así, Lula se anotó un inobjetable triple triunfo cuando en un breve lapso de tiempo la Policía Federal lanzó una operación que vincula al senador, líder del Partido Progresista y ex ministro de Bolsonaro, Ciro Nogueira, al “caso Master” (un banco que triangulaba dineros del crimen organizado y que compraba influencias y tenía una nómina de políticos del llamado “Centrão” a su servicio); la visita de Luiz Inácio Lula da Silva a la Casa Blanca y la aprobación de un nuevo marco regulatorio para los minerales críticos.
Cuanto menos quedó en evidencia que los rumores sobre una eventual “muerte política” de Lula son, por decir lo menos, un tanto prematuros o exagerados, para usar una expresión célebre acuñada por Mark Twain.
La necesidad tiene cara de hereje…
Donald Trump puede estimar mucho −y, de hecho, ese es un dato real de la causa− tanto a Jair Bolsonaro como a su hijo mayor, Flávio, senador por Rio de Janeiro, y actual precandidato de su partido, el Liberal, a la presidencia de su país, y a su hijo Eduardo (03), quien es el embajador informal de Bolsonaro ante la “corte de Mar-a-Lago”, pero ello no impedirá que, si es necesario entenderse con Lula, guiado por los intereses superiores de Estados Unidos, así lo hará. Y sin ningún tipo de escrúpulos.
Una muestra de ello fue la ausencia del Secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio, en la cumbre del 7 de mayo. De ese modo quedó muy claro que el canal o vía de acceso preferencial del bolsonarismo con el gobierno estadounidense no está dando las cartas en la relación Brasil- EE.UU.
Esa aproximación pragmática de ambas partes, que los observadores calificaron como “un abordaje constructivo” alrededor de una mesa de negociaciones que se prolongará, en principio, por espacio de 30 días, a partir de la cita presidencial que le dio origen, no significa que no haya muchas cuestiones aún en discusión. De hecho, Brasil es actualmente investigado con base a la sección 301 de la ley de Comercio estadounidense, con temas que van desde el PIX hasta la deforestación del Amazonas y la concentración de la industria cárnica, lo que puede resultar en tarifas adicionales, en función del buen o mal humor de Trump en el futuro.
Pero la cumbre marcó un rumbo positivo, la de un potente reinicio y relanzamiento de la relación bilateral. Para ello, ambas partes debieron apartarse de sus respectivas alas más ideológicas y volcarse hacia el centro, en procura de un espacio propicio para la conciliación de agendas.
En el caso de Lula, éste dio pruebas de una gran flexibilidad táctica cuando aceleró la aprobación del marco regulatorio de explotación de minerales críticos y estratégicos en la Cámara de Diputados, demostrando que el “Centrão” no tiene capacidad de obstruir cuando hay cuestiones de interés nacional y empresarial en juego. Eso significó que los parlamentarios del PT votaran desalineados en relación a sus tradicionales aliados de la izquierda, el PCdoB y el PSOL, quienes proponían la creación de una empresa estatal para el sector a la que denominaron Terrabras.
Esos “movimientos de cintura” no impidieron, sin embargo, que Lula, pese a llegar con este ramo de olivo a la cumbre, le ofreciera a su interlocutor estadounidense dos requerimientos que serían muy del agrado de Washington, sobre todo en estos tiempos de “unilateralismo rampante”: la exclusividad estadounidense en el acceso a las codiciadas tierras raras (algo a lo que Brasil no se ha comprometido en modo alguno) y la exportación primaria de productos mineros de bajo valor agregado, lo que constituye otro bottom line o punto no negociable para Brasilia.
En el caso de Estados Unidos, queda más que claro y en evidencia que el tema central y cardinal de la agenda bilateral es el aseguramiento por todos los medios posibles de las llamadas tierras raras. Los 17 elementos químicos de la tabla periódica, que son relativamente abundantes en la corteza terrestre pero que pocas veces están concentrados en determinados espacios geográficos y cuyo procesamiento es muy complejo. A saber: Lantano, Cerio, Praseodimio, Neodimio, Prometio, Samario, Europio, Gadolinio, Terbio, Disprosio, Holmio, Erbio, Tulio, Iterbio y Lutecio, más el Escandio y el Itrio.
Componentes de nombres exóticos sin los cuales no funcionan ni las barreras contra misiles hipersónicos ni los aviones, satélites, radares ni drones de última generación. Y, en suma, ninguno de los atributos del brazo militar de EE.UU, que ya en el extendido conflicto con Irán ha dado muestras de estar sometido a una inusual sobrecarga.
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