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Rafah, escenario crucial

Si se destruye Rafah se pone a una parte del mundo al borde de una guerra de proporciones mayores de las esperadas. Al mismo tiempo, vuelve a poner en cuestión a un sistema internacional que seguirá adoptando, como lo ha hecho en los últimos setenta años, decisiones que quedan en el papel.

Por José Miguel Insulza

La ciudad de Rafah es el único paso fronterizo que existe, en el borde mismo del Sinaí, entre Egipto e Israel. Es parte de la Franja de Gaza, pero estando a 30 kilometros de Gaza City, es una ciudad distinta y más pequeña, que se convirtió muy pronto en el lugar de refugio para muchos miles de gazatíes que huían de los bombardeos y tenían la esperanza de pasar a Egipto.

Naturalmente, después de los primeros bombardeos en octubre, tras el ataque de Hamás contra Israel, el gobierno de Egipto temió que una salida masiva de refugiados en los hechos convirtiera el Sinaí en un escenario de guerra y decretó el cierre de la frontera. A fines de noviembre aceptó, sin embargo, una salida limitada, para personas enfermas o que tuvieran pasaporte de terceros países. Aunque ello redujo en algo la tensión, los refugiados siguieron llegando a Rafah, una especie de “último refugio”, la única salida de Gaza sin condenarse a un exilio mucho más distante. Por cierto, siempre se podía huir hacia el norte, pero era una fuga más larga y mucho más riesgosa.

Este escenario no duraría mucho, sin embargo. La reciente visita del Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, a Israel, extendida también a Egipto y Arabia Saudita, tenía un claro objetivo de obtener un cese de las hostilidades, reclamadas por aliados europeos y árabes, y también por una creciente opinión pública norteamericana, especialmente electores demócratas de Joe Biden.

Con Blinken en el Medio Oriente, las hostilidades aumentaron en otros frentes: las guerrillas de Hezbollah, apoyadas por Irán, atacaron en las fronteras al norte de Israel y los Hutíes continuaron sus ataques en el Golfo Árabe cerca del Canal de Suez, provocando los bombardeos de la aviación norteamericana y británica hacia sus bases en Yemen.

Ante la escalada inminente, se esperaba algún resultado de la misión de Blinken, pero ella chocó con el rechazo sin matices de Benjamín Netanyahu, contrario a cualquier concesión en materia de cese o reducción de hostilidades. En su rechazo pesaron mucho las consideraciones políticas de un Primer Ministro cada vez más impopular y dependiente de sus aliados de extrema derecha y su convicción de que un fin negociado del conflicto marcará también el fin de su gobierno.

Pero también Netanyahu comprende que sus tiempos para lograr una victoria son muy reducidos y debe actuar pronto en sus objetivos de destrucción de Hamás y expulsión de la población palestina del territorio de Gaza. A estas alturas, eso significa la ocupación total de Rafah.

Dos declaraciones recientes reflejan claramente la posición de Netanyahu. La primera es obvia: “No podemos ganar si no ocupamos Rafah”. La segunda, más ominosa y reveladora, fue en respuesta la pregunta de por qué no era suficiente todo el daño infligido a Hamás y Gaza. Netanyahu respondió que si rompes una vasija de vidrio en mil pedazos, eso no basta. Hay que tomar cada pedazo y romperlo de nuevo en miles de pedazos más pequeños; y luego volverlo a hacer, hasta deshacerlo por completo. Todos los comentarios apuntan a que el objetivo del Primer Ministro de Israel es la eliminación del pueblo Palestino de su territorio. Una nueva diáspora y la ocupación israelí del territorio de Gaza vacío es el mayor temor de los gobiernos árabes .

En todo caso, los ataques a Rafah ya se iniciaron. Comenzaron en la noche del domingo con operativos para rescatar a dos rehenes no identificados, que concluyeron con la muerte de más de cien palestinos (la prensa norteamericana cubrió intensamente la muerte de una niña palestina acribillada dentro de un auto). Hace unas horas (hoy martes) comenzaron los bombardeos sobre la ciudad, preludio a su ocupación.

¿A dónde irán los cientos de miles de palestinos refugiados en Rafah? No pueden entrar a Egipto, que no quiere verse envuelto en el conflicto, ni pueden retroceder hacia Gaza, con peligro de sus vidas. 

Los demás estados árabes no pueden dejar de solidarizarse con los palestinos, de distintas maneras, sea con el recrudecimiento de los ataques desde Líbano y Siria, o con una ruptura frontal de los estados del Golfo, encabezados por Arabia Saudita.

Estados Unidos ha visto el rechazo de sus gestiones de paz como una verdadera ofensa, en lo cual es acompañado por la mayoría de los europeos, cuya opción, como sugiere el jefe de su diplomacia, Josep Borrel, sería no transferir más armas a Israel.

Si se destruye Rafah se pone a una parte del mundo al borde de una guerra de proporciones mayores de las esperadas. Al mismo tiempo vuelve a poner en cuestión a un sistema internacional que seguirá adoptando, como lo ha hecho en los últimos setenta años, decisiones que quedan en el papel.

Publicado en ellibero.cl

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