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Carolina Tohá, en Entrepiso: La reelección de Anne Hidalgo

Por Carolina Tohá // Contenido publicado en: Entrepiso

Anne Hidalgo ha sido reelegida como alcaldesa de París. Que una mujer socialista y de origen español esté a cargo de esa ciudad es razón suficiente para alegrarse, pero hay otros elementos que hacen de este triunfo algo aún más esperanzador. 

Durante el mandato del anterior alcalde, Beltrand Delanoë, también socialista y primer edil homosexual de esa ciudad, Anne Hidalgo fue algo así como sub alcaldesa (teniente de alcalde). Desde ahí promovió políticas de género y proyectos de inclusión para los jóvenes de los barrios más pobres de Paris e impulsó un estilo de gestión basado en el diálogo y la colaboración con las comunidades. Bajo esa premisa estuvo a cargo de sacar adelante importantes proyectos de renovación urbana, como Paris Rive Gauche, un barrio completo construido sobre las líneas del tren donde se mezcla actividad residencial, comercial y equipamiento, todo con un modelo de inclusión social, prioridad del espacio público, sostenibilidad ambiental y arquitectura de calidad. La cantidad infinita de dificultades y tensiones que generó una intervención de esa magnitud fue enfrentada con el liderazgo de Anne Hidalgo mediante un trabajo persistente y articulado de involucramiento de los vecinos, las organizaciones y las empresas. No fueron tres asambleas y una consulta on line, sino años de reuniones y diversas metodologías de participación y mediación para lograr una visión compartida hacia el futuro y co-diseñar los elementos fundamentales del proyecto. 

Ya como alcaldesa, Anne Hidalgo ha conducido una gestión con enfoque de género y comprometida decididamente con la equidad y la sostenibilidad ambiental. Con la gestión de su gabinete paritario, Paris se ha transformado en uno de los principales escenarios mundiales de un cambio profundo en la forma de organizar la movilidad. Poniendo prioridad en los modos activos (caminata y bicicleta), en el transporte público y la electro-movilidad, Anne ha revolucionado la distribución y el funcionamiento del espacio vial de la ciudad. El énfasis ha sido la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también el impulso de un espacio público más vivible y de unos hábitos de vida urbana compatibles con la salud y con la inclusión de todas las personas. Con esas mismas orientaciones, la figura de Anne Hidalgo ha tomado una relevancia mundial al encabezar diversas iniciativas internacionales de coordinación entre ciudades para promover una agenda profunda contra el cambio climático, entre ellas Cities 40 (C40), donde convergen municipalidades de todos los continentes comprometidos con políticas climáticas ambiciosas e innovadoras. Desde esta y otras instancias, las ciudades han adquirido un liderazgo categórico en el enfrentamiento del cambio climático, con metas mucho más decididas y profundas de las que impulsan los gobiernos nacionales. 

También ha sido relevante el esfuerzo por generar vivienda accesible en una de las ciudades con mayor valor por metro cuadrado del mundo. A través de diversas estrategias, que incluyen cuotas de vivienda social en los proyectos inmobiliarios, regulación de los arriendos y medidas severas para desincentivar las edificaciones y sitios abandonados, París ha logrado elevar la proporción vivienda accesible desde un 13 a un 22% desde el año 2001, año en que comenzó la conducción socialista. 

Durante los atentados terroristas que sufrió la ciudad, la figura de la alcaldesa Hidalgo también creció. En lugar de entrar en la lógica de la guerra, como es la tentación de toda autoridad ante un ataque sangriento como el que sufrió Paris, su énfasis fue estar cerca de las comunidades y rescatar la fortaleza de los parisinos frente al miedo y la intolerancia. 

En una época de confusión y fragmentación de las izquierdas, la experiencia de Anne Hidalgo a la cabeza de Paris constituye una inspiración. Su gestión no ha estado exenta de polémicas, como no lo está ninguna transformación relevante en una sociedad democrática, pero ha valido la pena. Paso a paso, las ideas que en un principio parecían demasiado disruptivas y contraintuitivas, han ido ganando terreno y demostrándose acertadas. 

Su mezcla de determinación, claridad y visión de futuro abren un camino para imaginar nuevos proyectos progresistas en otras latitudes, en la misma línea que lo hace Jacinda Ardern encabezando Nueva Zelanda. Nunca ha sido buena idea copiar experiencias que vienen desde realidades tan distintas pero, al revés, siempre ha sido provechoso aprender de ellas y nutrirse de sus logros. El progresismo en Chile pasa por uno de sus momentos más difíciles de las últimas décadas y los sectores que podrían proyectar ideas cercanas a las experiencias de Anne Hidalgo y Jacinda Ardern han perdido terreno. Mirar esos liderazgos y sus programas puede ser un impulso para tenerle más fe al proyecto de un progresismo transformador, moderno y democrático.        

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