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Jaime Gazmuri Mujica, en La Mirada Semanal: América Latina en el centro de la pandemia

Por Jaime Gazmuri Mujica // Contenido publicado en: La Mirada Semanal

Desde Europa el centro de la pandemia del Coronavirus se ha desplazado a los Estados Unidos y a América Latina. Hoy día los países que encabezan el registro de contagiados y de muertos son Estados Unidos y Brasil, a muy considerable distancia de todo el resto del mundo. Estos últimos alcanzan a cerca de 140 mil y a 74 mil respectivamente, mientras que el tercer país con mayor número de fallecidos -el Reino Unido- registra unos 45 mil. Mientras en muchos países del Asia y de Europa la pandemia parece controlada, o al menos declinando, y se comienzan a dar los primeros pasos para distender las medidas de confinamiento e intentar el regreso a la normalidad, en esta área del mundo la epidemia está, casi en todos los países, en su fase de expansión, tanto en el número de contagios registrados, como en el de personas fallecidas.

en esta área del mundo la epidemia está, casi en todos los países, en su fase de expansión, tanto en el número de contagios registrados, como en el de personas fallecidas.

Desde el punto de vista sanitario los efectos de la pandemia han sido, hasta ahora, de muy diferente magnitud en los diversos países de América Latina. No son fáciles las comparaciones ya que los indicadores estadísticos varían de país a país y en todas partes se debate sobre la validez de la estadística oficial. Así y todo, el registro de muertes causadas por o atribuidas a la pandemia parece un dato relativamente más confiable, y la relación entre el número de fallecidos y la población total permite establecer comparaciones entre los países, con mayor certeza por ejemplo que el de personas contagiadas que depende de la cantidad de testeos realizados, el que varía sustantivamente de una realidad a otra.

Considerando ese indicador son cinco los países mayormente afectados por la pandemia, a una distancia considerable del resto: Perú, Chile, Brasil, Ecuador y México. Sus tasas de muertos por millón de habitantes son de 371; 370; 349; 287 y 275 respectivamente. En el otro extremo, tres países registran hasta ahora un éxito notable en el control de la pandemia: Costa Rica, Uruguay y Cuba, que registran la misma tasa en valores bajo el 10. En el resto se dan situaciones intermedias, con cifras muy inferiores a las de los cinco casos indicados. En países con poblaciones significativas como Argentina y Colombia la cifra alcanza a 44 muertos por millón de habitantes. No es el momento de realizar un balance del manejo de la crisis sanitaria que permita analizar los factores que explican resultados hasta hoy día tan dispares, toda vez que la pandemia está aún en fase de expansión y lejos de ser controlada. Solo cabe destacar que los tres países con mejor desempaño tienen en común el poseer sólidos sistemas públicos de salud y sociedades más integradas, aunque con muy distintos sistemas políticos.

Solo cabe destacar que los tres países con mejor desempaño tienen en común el poseer sólidos sistemas públicos de salud y sociedades más integradas, aunque con muy distintos sistemas políticos.

Si el balance de la magnitud de los efectos sanitarios de la pandemia es aún incierto, los efectos económicos y sociales de la crisis son ya evidentes. Según las estimaciones de la CEPAL de este mes de julio la economía de la región latinoamericana tendrá un crecimiento negativo del 9.1%.  Es la mayor recesión desde que existen registros de crecimiento del PIB regional a partir en 1913, es decir en más de un siglo. En la gran crisis mundial de fines de los treinta, que se compara con la actual, el crecimiento negativo en la región fue de 5.2% en 1928 y de 4.9% en 1930. A diferencia de crisis más recientes que afectaron de manera desigual a las economías de la región en virtud de la mayor dependencia comercial de México y América Central respecto de los EEU y de América del Sur en relación con China, esta vez todas tendrán una caída del producto similar. Esta inédita recesión se produce después del impacto que tuvo en la región la drástica reducción de los precios de las materias primas producto de la disminución del crecimiento de China a partir de 2011-12, lo que significó una general reducción del ritmo de crecimiento.

Una contracción económica de la magnitud de la actual significará la destrucción de millones de empresas, principalmente de pequeñas y medianas, en áreas que emplean mucha mano de obra en el comercio, los servicios, el turismo y el sector inmobiliario. La estimación es la pérdida de 2.7 millones de empresas formales, cuya inmensa mayoría serán pequeñas y medianas.

La estimación es la pérdida de 2.7 millones de empresas formales, cuya inmensa mayoría serán pequeñas y medianas.

Desde el punto de vista social aumentará el desempleo, la pobreza y la extrema pobreza.

Las estimaciones de CEPAL prevén un aumento de 45 millones de pobres, de los cuales 28 caerán en la pobreza extrema. Se llegarán a registrar unos 230 millones de personas bajo la línea de pobreza en una población de aproximadamente 629 millones, es decir cerca del 37%. Los notables progresos que se hicieron en la mayoría de los países, principalmente en América del Sur, en la disminución de la pobreza durante el primer decenio de este siglo están seriamente amenazados.

Algo similar ocurrirá con la situación del empleo. Las cifras proyectadas de desempleo, de alrededor de 14%, no reflejan la realidad. Como se ha demostrado en el debate chileno el desempleo oficial del orden del 11%, oculta la realidad del significativo aumento de las personas que en las actuales condiciones no buscan trabajo y de aquellos cubiertos por el seguro de desempleo que no están trabajando, pero figuran como activos porque mantienen sus contratos. Hechas estas correcciones la tasa de cesantía se ubica en el rango del 27%.

La crisis ha develado de manera dramática la debilidad estructural de las sociedades latinoamericanas y de manera principal las extremas desigualdades y muy en particular las de género; y un modelo de crecimiento en el que el peso desmedido de la producción de materias primas impide un desarrollo más autónomo, sustentable y socialmente integrador.

La crisis ha develado de manera dramática la debilidad estructural de las sociedades latinoamericanas y de manera principal las extremas desigualdades y muy en particular las de género

La región enfrenta el desafío de aliviar la situación inmediata de millones de personas y familias que sin apoyo del Estado no podrán sobrevivir, así como de salvar de la desaparición a millares de empresas que serán indispensables para la recuperación económica post pandemia. Junto a las urgencias de la coyuntura surgirán poderosas demandas para generar sistemas amplios y universales de protección social y de provisión de bienes públicos de calidad en materia de salud y educación. Los niveles develados de hacinamiento y ausencia de servicios esenciales en vastos territorios urbanos, en la región más urbanizada del mundo, plantearán nuevas exigencias en materia de políticas públicas hacia la ciudad y de vivienda. En el plano económico, surge en todos lados la convicción de que resulta indispensable un cambio en la matriz productiva. Todo ello requerirá una redefinición del rol del Estado, como el articulador de un nuevo proyecto de desarrollo económico y social, y consecuentemente de un nuevo pacto social.

En el plano económico, surge en todos lados la convicción de que resulta indispensable un cambio en la matriz productiva.

La nueva situación regional y global debería constituir un incentivo para revitalizar los procesos de integración regional. El sistema multilateral surgido de la Segunda Guerra mundial atraviesa un notorio debilitamiento. Es sintomático que en plena pandemia el Gobierno de los EE. UU. haya anunciado su retiro de la OMS. Las tensiones entre Estados Unidos y China amenazan con lo que algunos han denominado una nueva guerra fría. Es de interés vital para la región no quedar atrapada en tal competencia por la hegemonía mundial y realizar una política activa de no alineamiento, de participación en múltiples alianzas y de construcción de una nueva gobernanza mundial. Si se quiere tener alguna influencia en su configuración la región debe hablar con una sola voz. La transformación de la matriz productiva, a su vez, se fortalecería sustantivamente si se realiza en una dimensión regional, especialmente en América del Sur.

Es de interés vital para la región no quedar atrapada en tal competencia por la hegemonía mundial y realizar una política activa de no alineamiento, de participación en múltiples alianzas y de construcción de una nueva gobernanza mundial.

Desgraciadamente, las actuales condiciones políticas no son las más favorables ni para la construcción de pactos nuevos sociales a escala nacional ni para superar la virtual parálisis de todos los esquemas de integración, los que no han sido capaces de generar colaboración regional frente a una crisis que la requiere urgentemente.

Desde este punto de vista, la política exterior y la cuasi crisis de gobernabilidad que afecta al Brasison sin duda los escollos mayores que enfrenta el proceso de integración. La política exterior del Gobierno de Bolsonaro ha roto dos ejes fundamentales de la política exterior de Brasil, desde los tiempos del Imperio, y formulada por el Barón de Río Branco en los albores de la República: la importancia de las relaciones con América Latina, particularmente con América del Sur, su entorno más inmediato, y la búsqueda de una relación cordial con el gran vecino del Norte, pero manteniendo la máxima independencia posible. Esta orientación ha sufrido variaciones múltiples, pero en lo esencial se ha mantenido en Gobiernos tan disímiles ideológicamente como los de Geisel y Lula. La completa alineación del Gobierno de Bolsonaro con la política de Trump rompe radicalmente esa larga tradición diplomática y dificulta al extremo el relanzamiento de una política de cooperación e integración Latinoamérica, que se debilita sin el concurso activo del país con la mayor población y economía de la región. Pero Bolsonaro no será eterno y lo esperable es que Brasil retorne a una política exterior consecuente con su tradición y sus intereses nacionales. Por mientras será indispensable perseverar en la común vocación integracionista.

La completa alineación del Gobierno de Bolsonaro con la política de Trump rompe radicalmente esa larga tradición diplomática

Por mientras será indispensable perseverar en la común vocación integracionista.

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